sábado, 29 de junio de 2013

Por las calles de lo Viejo: calle Mercaderes (1965-2005)

La calle Mercaderes parte de la plaza Consistorial y llega hasta la antigua plaza de Santa Cecilia, en el sitio que popularmente se conociera como del Carrico de Lucio, confluencia de las calles Mañueta, Calderería, Curia y Navarrería. Inicialmente se denominó calle Mayor de la Navarrería, titulo que se mantuvo hasta bien entrado el siglo XVI. Como había otras calles con el mismo nombre: la Mayor de San Cernin que acabamos de ver y la Mayor de San Nicolás (luego llamada Zapatería) la gente la empezó a llamar calle del Mentidero, denominación que se extiende hasta 1719, año en que empieza a llamarse calle de los Mercaderes. Con esta denominación llegó hasta 1916. Ese año el Ayuntamiento le cambió el nombre y durante casi 60 años la calle se llamó Blanca de Navarra, denominación que perduró hasta 1972 en que el consistorio restaura el nombre de calle Mercaderes. Esta es una calle comercialmente muy interesante.




Empezando por el lado izquierdo de la calle, hasta donde yo recuerdo había también una joyería, Alforja, en la esquina de Mercaderes y la plaza del Ayuntamiento, donde ahora está la joyería Alexander, luego venían los celebres Almacenes Unzu, toda una institución en la ciudad, epítome de la modernidad en el comercio de aquellos años. ¿Quien no recuerda asombrado cuando comenzaron a funcionar en los Almacenes  las primeras escaleras mecánicas en la ciudad?. Unzu nació en el año 1838 en Pamplona como un negocio textil familiar. Posteriormente iría ampliando sus líneas de negocio hasta convertirse en la primera empresa comercial local, con nuevas y amplias tiendas a lo largo y ancho de toda la ciudad. Unzu  fue creciendo en Mercaderes a lo largo de los años, primero en altura y luego ampliando su actividad a los edificios más próximos, o a nuevos edificios como el que se erigió a finales de los 50 en la plaza de los Burgos,  de ahí la estructura tremendamente irregular de su superficie comercial. En 1992, a la muerte de su principal propietario, Javier Luis Unzu Oroz, la empresa, Unzu S.A,  quedó en manos de la Fundación Laguntza que ostenta la mayoría del accionariado quedando una pequeña parte en manos de diferentes miembros de la familia Unzu. El 26 de  Mayo de 2007 y tras un convulso período lleno de rumores sobre su destino final, cerraban los Almacenes Unzu, poniendo punto final a 170 años de vida. El gran buque insignia del comercio local  no pudo competir con el desembarco,  favorecido desde las instituciones,  de otros grandes almacenes mucho más poderosos, los del Corte Inglés instalados desde noviembre de 2005 en los viejos solares de Intendencia.

Tras Unzu y en un local que después ocuparía una oficina bancaria de Caja Pamplona, estaba la perfumería Galle. En un primer piso estaban los estudios de Foto Galle, luego venía la cafetería Bardi, conocida más tarde con el nombre de El Mentidero, a continuación el restaurante Iruñazarra, abierto en los años 60 por el empresario hostelero local Ricardo Aparicio, propietario de otros míticos establecimientos como el Vista Bella, en la Taconera, inaugurado en 1963 o las cafeterías Iruñaberri en diferentes zonas de la ciudad. Alguno me cuenta que antes de abrirse el Iruñazarra estuvo en ese local el comercio Mestre que veremos más tarde en la calle Zapatería, otros que un economato. A continuación del Iruñazarra estaba Casa San Julián que luego ocuparía Almacenes Tudela, Cuadrado Urban y en un par de días un Burger King, la Papelería Castiella (luego Textura y hoy Almorunning), la modernista fachada de la antigua Farmacia Blasco, (en los años 80, Farmacia Palma; luego Boutique Tundra y hoy tienda de piedras y cristales), Tejidos Condearena, que  luego sería  la tienda de discos Liverpool y hoy La Curva de la Estafeta. Junto a esta durante décadas estuvo Graficas Bescansa. Aun recuerdo aquel local en los años 80, la imprenta al fondo, con Patxi Berrade al frente, y la papelería en la primera parte del local. Más tarde el local sería uno de aquellos comercios de todo a 100 que proliferaron a finales de los 90, Galerías Buen Precio creo que se llamaba, y desde hace ya 7 u 8 años, en este local se encuentra el veterano establecimiento Ebano. Siguiendo por este lado de la calle, encontrábamos entonces Calzados Cayol, una pequeña zapatería, regentada en tiempos por Pedro Garamendi y luego por su hijo Carlos, impulsor en los primeros 80 de la Asociación Burgo de la Navarrería, precedente de la actual Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo, de la que también fue presidente durante algunos años. En su lugar hoy está el establecimiento Xaboiak. A continuación estaba la Carnicería Itarte, hoy Echeve, la Dulce Venecia y Confecciones Chile (hoy un chino), cerca de la esquina con Mañueta.


Volvamos a la plaza del Ayuntamiento, para recorrer la calle, esta vez por su parte derecha. En   la esquina se encontraba (y se encuentra)  la tienda del Guti, Gutierrez, que existe aunque con otro nombre al menos desde 1840, sobre él, Foto Calleja,  luego estaba la lencería Chargui, Calzados Samoa (que continúa) y la tienda de Vale. Nos detendremos un momento en un par de establecimientos: Gutierrez y Vale. Gutierrez la funda Teodosio Goñi, tio abuelo de la madre del actual propietario Rafael Gutierrez. De hecho en fotos de los años 50 se puede ver el rótulo de Confecciones Goñi. Antes que en la plaza consistorial el negocio estuvo en la Mañueta. Rafa lleva trabajando en el negocio cerca de cuarenta años. La tienda de Vale nació en el año 1941 de la mano de D. Valeriano Zabalza y su esposa Mª Luisa Espelosin que aun vive. Surgió como una tienda especializada en medias y calcetines. A finales de los 70, la tienda de Mercaderes  arrinconó su producto estrella, las medias y dió paso a la ropa de caballero, quedando las medias en la otra tienda que la familia tenía en Carlos III. Hoy, tras la jubilación de la segunda generación ocupa su lugar "Viandas de Salamanca". Tras Vale estaba y está (no recuerdo ni los años) el Banesto, y en la esquina de Mercaderes con Chapitela, la tienda textil de Juan Garcia (luego Regalos El Zaguan de los hermanos Gortari y actualmente una oficina de Caja Rural), (por cierto en 1958 en dicha esquina estaba la tienda de Gortari, probablmente padre de los citados hermanos Gortari), la Joyería Montiel    (inaugurada en 1963 por Gonzalo Fernández Montiel y su  mujer Dory del Prado, trasladada en 1987 a su actual ubicación en Carlos III), Jitu, la Perfumería Sola, luego bisutería Ana, la tienda de chuches Gretel. Pasada la curva de la Estafeta estaban la vieja zapatería de Calzados Fernández, Bazar Echeve, la Carnicería Blanca de Navarra, Moda 18, una tienda de alimentación y la Droguería Ardanaz, ya en la esquina con Calderería. En 1966, en el  primer piso del número 16 de la calle (donde estaba la carnicería) había un restaurante, se llamaba Restaurante Blanca de Navarra. Lo recuerdo porque fue allí donde celebramos la primera comunión de mi hermano. 

sábado, 15 de junio de 2013

Por las calles de lo Viejo: calle Mayor (1965-2005)

Inicio con esta entrada una nueva serie de artículos en los que iré recorriendo las calles de lo viejo, intentando recuperar nuestra memoria personal e histórica más reciente, la historia reciente de esas viejas calles y comercios que forman parte de nuestras vidas, muchos de ellos desgraciadamente desaparecidos en las últimas décadas así como de otros establecimientos, rincones y edificios de nuestro casco antiguo. Empezaré por una de las calles más emblemáticas del casco viejo, la calle Mayor:

La Calle Mayor nace al final de la calle San Saturnino y llega hasta la plaza de Recoletas e Iglesia de San Lorenzo. Fue la calle más larga de la ciudad hasta el siglo XVI, en que se crea la calle Nueva sobre el foso de división entre los burgos de San Cernín y San Nicolás. En el siglo XV, recuerda José Joaquín Arazuri en su libro "Pamplona, calles y barrios",  había 3 calles que ostentaban el título de Mayor, la de Navarrería, la del Burgo de San Nicolás y que hoy se llama Zapatería y ésta del burgo de san Cernin. Será en el siglo XVI cuando ésta desplace a las otras. Hasta el siglo XIX, la calle Mayor está formada por dos tramos o barrios, la calle Mayor de los Cambios (desde la iglesia de San Cernin hasta Eslava) por existir en este tramo una casa de cambios, y la calle Mayor de la Corregería (de Eslava a San Lorenzo) por existir en este tramo guarnicioneros que fabricaban cinturones y correas. Es en 1936 cuando recibe oficialmente el nombre de Calle Mayor. La calle Mayor es vía última del Camino de Santiago a su paso por el Casco, lugar de algunos de los grandes palacios del centro histórico, sede de buena parte de los comercios de toda la vida de Pamplona del que aun afortunadamente quedan algunos magníficos y vivos ejemplos, y protagonista de algunos de los principales acontecimientos festivos de la ciudad: la procesión de san Fermín, el traslado de la Dolorosa o el añorado acto del Riau-Riau.

Iniciaré mi recorrido justo desde el pozo que hay señalado en la confluencia de San Saturnino, Mayor y Jarauta, el pocico de San Saturnino, donde según la tradición o la leyenda bautizó a los primeros cristinanos en esta ciudad. Atrás, a mis espaldas dejo la iglesia de San Cernín o San Saturnino que data del año 1107 y que todavía conserva su estructura de iglesia-fortaleza. En el arco de la entrada figuran dos esculturas que caracterizan a San Saturnino y a Santiago Peregrino, testimonio claro de la importancia del Camino. Enfrente a mi derecha,  podía ver el edificio del viejo palacio del Condestable. Durante siglos sometido a decenas de cambios: fue sede arzobispal entre los siglos XVII y XVIII y ayuntamiento de la ciudad algunos años del siglo XVIII. En los años 70 sus bajos estaban ocupados por diferentes locales comerciales. Asi, en esos años podíamos encontrar Casa Gorriz (donde luego en los años 80 se ubicaría Almacenes Pamplona), Aldapa, la tienda de alimentación de Ulpiano Aldaz (donde luego se ubicaría durante algún tiempo la tienda Ukrania) y Muebles Elosegui. A la vuelta, en la calle Jarauta, abría sus puertas Muebles Rubio. En este edificio tenía su sede un grupo de gran raigambre en la ciudad "Los amigos del Arte", fundado en 1918 con la finalidad de promocionar la música en su diferentes manifestaciones. Fueron directores de la Asociación personas como Paulino Otamendi, Alfredo Lumbreras o Saturnino Sorbet. Entre los muchos actos en los que participaban destaca la Sampedrada, el 28 de junio. En el año 2000, los propietarios del edificio, a la sazón Jose Javier Gorriz Cabases y Maria Pilar Gorriz Unzu, vendieron al Ayuntamiento todo el edificio por poco más de 200 millones de las antiguas pesetas. El edificio se había deteriorado hasta el punto de declararse en ruina y obligando a un prospero negocio, entonces, Almacenes Pamplona, con 8 o 9 empleados a cerrar. Posteriormente el edificio se rehabilitaría eliminando todos los añadidos de los últimos siglos y recuperando su vieja fisonomía medieval, el chaflán fue sustituido por el pronunciado ángulo de la actual esquina. 

Enfrente del edificio del Condestable, en el nº 1 podemos encontrar el centenario comercio de Ortega. Fundado en 1900 por Bonifacio Ortega, soriano de nacimiento, que trabajó de aprendiz en Casa Gorriz. Mucha gente conocía popularmente a Ortega como Casa Boni. Posteriormente el fundador dejó el negocio a su hijo Pepito Ortega quien en 1965 cedería la tienda a sus dos dependientes: José Manuel Navarro y Daniel Cayuela. Con ellos Casa Ortega paso a denominarse Sucesores de Ortega, hoy Ortega a secas, con Eugenia Cayuela y José Manuel Navarro aun tras el mostrador. Siguiendo esta acera izquierda de la calle hasta Eslava podíamos (y aun podemos) encontrar la Droguería de Pedro Pomares, la sastrería Artazcoz fundada en 1924, si bien estuvo inicialmente en un primer piso, la lencería Medina fundada en 1920, un poco antes la tienda de encurtidos y alimentación La Sevillana, ya desaparecida y que también ocupa hoy Medina, la Tocinería Urdaniz (donde hoy está Maitagarri), La tienda de telas El Carrete (hoy la tienda del Camino), Deportes Zariquiegui (fundada en los años 40), Bocel (en tiempos La Huerta Valenciana y hoy  sede de una asociación de jubilados), Las 3 BBB (hoy Fulber Shop), el Supermercado del Casette (hoy un chino), La Zapatillera, la imprenta Areta-Amondarain (hoy un pequeño almacén de un ciudadano oriental afincado desde hace tiempo en la ciudad), Clase Moda (anteriormente estuvo allí Casa Azagra), Calzados Larumbe (hoy vacío), La Algodonera, Pincelada.... 


Un poco más adelante estaba el segundo palacio de la calle, el de Redin Cruzat restaurado a mediados del XVII y cuyo propietario, Martin Redin, fue capitán general de Galicia y de Sicilia. En los años 70 el edificio estaba en un estado bastante lamentable, como se puede ver en la fotografía de Zuñiga. En este edificio tenía su sede el Centro Mariano, del que ya hablé en la entrada dedicada a los cines parroquiales y el club de montaña Orimendi. El palacio sería objeto de una profunda rehabilitación a mediados de los años 80 (1984-85) siendo destinado a sede de la Escuela Municipal de Música "Joaquín Maya" que lo ha ocupado hasta hace un par de años. En sus bajos había como se puede comprobar en la foto un almacén de Muebles Apesteguía. Pasado este edificio nos encontrábamos con el edificio de Muebles Sagaseta, hoy también vacio. Sagaseta comenzó su actividad como fábrica de muebles y ebanistería en 1841 en la calle Mayor. Posteriormente pasó a ser tienda de muebles, actividad que siguió desarrollando en la calle hasta el año 2007 en que se trasladó al Ensanche. Luego venían la ferretería Sanz y García, dos de los establecimientos más antiguos de la calle. La Ferretería Sanz se instaló en su actual ubicación (en el nº 35) en 1922 (entonces era el nº 41).  El edificio era propiedad de D. Enrique Sanz. En él nació Javier Sanz, actual dueño de la ferretería y en él tuvo su sede la primera emisora de radio de Navarra, Radio Navarra, posteriormente Radio Requeté, origen de la actual Radio Pamplona.  También tuvo su sede en este edificio, desde el año 1954 y hasta el año 2000 la sociedad gastronómica Napardi. En noviembre de ese año  vendían sus locales a la Asociación de Comerciantes del Casco Antiguo y se  trasladaban al nº 2 de la calle Jarauta. 

Garcia fue fundada como mercería en 1942 por Petra García, donde antes estuviese la tienda de oportunidades El 0,95;  Una vez al año, la tienda de Petra en Reyes se convertía en juguetería. En 1964-65 se hizo cargo de la tienda una de sus hijas, Lourdes Pérez Garcia, quien  empezó especializándose en ropa de niño aunque durante algún tiempo vendió también ropa de mujer, para volver luego a vender solo ropa de niño hasta su jubilación; más adelante nos encontramos con la joyería Berna (abierta en 1977, donde antes estuviese Ultramarinos Armendariz), luego venía la frutería Cortázar, la carnicería Arrastia (hoy vacio), Muebles Andueza y Zozaya y Lanas Iris. La esquina de Mayor y Eslava la cerraba el Autoservicio Montserrat, uno de los primeros supermercados del Casco Antiguo y de la ciudad, fundado por los padres de Luis Fernandez Olaverri, propietario de la Vinoteca. Hoy en su lugar hay un Carrefour Express. 


Volviendo al principio de la calle, pero esta vez por su acera derecha y tras el Condestable encontrábamos en aquellos años 70 y hasta la calle Eslava, las siguientes tiendas: la droguería Ardanaz, fundada en 1900, donde se podía encontrar, al igual que en López, en el ámbito de la droguería, las cosas más insospechadas, y sobre todo que ha pasado a la memoria histórica de muchos pamploneses por esos entrañables belenes que año tras año en las navidades se podían ver en sus escaparates. Su propietario fue durante muchos años el celebre fotógrafo que inmortalizó tantas bonitas estampas de la vida pamplonesa, Nicolás Ardanaz. Más adelante estaba la vasijería de Ciga, luego estaba  (y está) Calzados Yorkal con Angel Mari Segura al frente, la Industrial Ferretera luego Ferretería Agorreta, Record Sport, la Librería Leoz, una oficina de la CAN (en tiempos Tintorería Paris) , el singular establecimiento Ferran, Muebles Apesteguía (en este local estuvo Casa Sancena), Tintorería Koiné (donde hoy está Maitane) Openis Boutique (antes Tranportes Amper y vinos Ibañez), Casa Nagore (antes la fábrica de lejias "El Tigre" y hoy sede de la Agencia Energetica), otro local de Muebles Sagaseta, Taberna (donde anteriormente estuvo la Droguería Varela), Electrodomésticos Thomas, fundado por el abuelo del actual propietario hace más de 60 años (en el actual espacio de Thomas estuvieron también Muebles Ocon y la peluquería Esain), y Tejidos Anma (anteriormente estuvo allí Colonial Ciganda) para terminar este tramo con Casa Ataun y sus riquisimas tortas de txantxigorri. Al lado estuvo la zapatería de José Jorajurio. 

Unas palabras sobre la mítica Casa Sancena fabricante de buena parte del mobiliario de la ciudad: bancos, tapas de registro, fuentes  y barandillas con el león. Con 165 años de antiguedad, el origen de Sancena se remonta al año 1848 cuando un curioso inventor y maquinista  natural de Bayona, Don Salvador Pinaquy Ducasse se estableció en Pamplona en sociedad con Sarvy y abrió una fábrica de fundición en el Molino de Caparroso. El bisabuelo de Miguel Nagore Sancena actual gerente de la empresa trabajó con él y pronto se inició la saga Sancena que ha dado nombre a la empresa. La industria se trasladó con  los años  a la calle Mayor (en el edificio donde actualmente se encuentra el comercio Muebles Apesteguía) y en 1936  se trasladó a la Rochapea, junto al río Arga, al lugar donde  durante más de siete décadas, hasta su derribo,  estuvo radicada. Hoy se encuentra en el  Polígono de Agustinos.

En su segundo tramo y empezando desde el cruce con Eslava, por el lado izquierdo y hasta el cruce con San Lorenzo encontrábamos la farmacia de Negrillos, el bar Olazti, la joyería Basilea (donde hoy está Skaner), la Tocinería Larrasoaña (cerrada desde el año 2005 por jubilación de su encargada, tienda madre de la próspera industria Embutidos Larrasoaña), la boutique Coqueta (donde estaría al comienzo de los 2000 Decoralian), Almacenes Bidasoa, fundada a finales de los años 40 y que sería regentada en el nuevo siglo por Pilar Montón, la Cristalería Eslava (donde se instalaría luego la tienda de chuches Ludiloj), Muebles Barrena, posteriormente Galerías Buen Precio, y a partir del 2000, la tienda de manualidades El Taller. Actualmente  ocupa este local la tienda de moda joven Pavana. El número 65 de la calle corresponde al tercer palacio de la calle, el Palacio de Ezpeleta construido en la primera mitad del XVIII, con una magnífica fachada barroca y cuyo propietario, José de Ezpeleta fue militar, virrey de Nueva Granada, Cataluña y Navarra. Señor de muchos sitios navarros, miembro del Consejo mayor de estado, caballero de la Orden de San Juan y abuelo del fundador de la Guardia Civil, el duque de Ahumada. El palacio albergó durante décadas el colegio de las Teresianas y posteriormente el Conservatorio Profesional Pablo Sarasate hasta su traslado a la Ciudad de la Música de Mendebaldea hace unos pocos años. Hoy, como el de Cruzat se encuentra sin uso. Pasado el Palacio estaba la tienda de antiguedades Carlos III, luego Deportes Dominguez (más tarde estuvo allí Grabonorte y actualmente Samoa Outlet), más adelante la Imprenta de la Acción Social, (cuando se cerró se instaló una elegante tienda de artículos de regalo y hoy está ocupada por unas oficinas de la Sección de Patrimonio y Museos del Gobierno de Navarra), la carnicería Senosíain, Tejidos Irekia, la pajarería Arga (donde hoy está la distribuidora de telefonía Yoigo y la perfumería Rosa (hoy Aika). La Aministración de Lotería nº1 y la Cafetería Delicias en la esquina de Mayor y San Francisco cerraban este tramo de la calle, tal y como se puede observar en la última foto de este artículo, de  Baltasar Soteras Elias.

En su segundo tramo, desde Eslava, pero esta vez por el lado derecho encontrábamos Iluminación Beunza, la fontanería Eraso y Ripa, Almacenes Ferraz posteriormente ocupado por Tejidos San Dennis (hoy perteneciente a Antiguedades Echarri), las Antiguedades Echarri, la enorme Papelería Grafos 4 (también de los Echarri), Muebles Doel (hoy vacío pero que durante años albergó una singular tienda de ropa joven "El Buho" con una estética de almacén neoyorkino, todo metal y un gran ventilador al fondo. Junto a él estuvo durante algún tiempo Calzados Gembero que se trasladó desde la calle Eslava a este amplio local y que albergó luego a la perfumería Keshna y hoy a Tiempo Moda y más adelante la Galería Arteclio, entremedias la boutique Andia. Anteriormente en ese grandísimo local que fue Arteclio hubo uno de los primeros gimnasios de la ciudad. El local así como todo el edificio era y es propiedad de la familia Huarte, concretamente y hasta su fallecimiento, hace dos años,  de Alberto Huarte Myers, uno de los integrantes del conocido grupo de música Los Iruñako. Este edificio albergó entre 1890 y 1938 el prestigioso colegio Huarte. 

Tras él estaban Muebles Lacunza (desde 1986 la tienda instrumentos musicales Haizea), la Mercería Duran (hoy un chino), la pajarería y tienda de mascotas Erla, abierta por los padres de la hasta hace poco propietaria Juana María Loitegui (su padre, Don Emilio Loitegui fue maestro de la escuelas del Ave María) y que durante décadas ha sido otro de los principales referentes comerciales en el mundo de los belenes y belenistas, la Farmacia Rodriguez (hoy una rehabilitada Farmacia Planas), El Camerino, la mercería La Fama, Tejidos Akara (hasta hace poco la tienda Mana), la floristería Lislore, el bar la Cepa, con entrada por la calle San Lorenzo y la Alimentación Gambra, ya al final de la calle, enfrente de la pared lateral de la iglesia de San Lorenzo. Me detendré un poco en La Fama. En sus comienzos, hace casi 120 años  había en ese local una pastelería. Desde 1940 la tienda se convirtió en mercería. Según sus propietarios, Fernando y Maite este fue el primer establecimiento en Pamplona en vender medias de seda y en traer labores de modista. Por último y acabando la calle nos encontramos a nuestra izquierda con la iglesia de San Lorenzo. La iglesia se empezó a construir en el siglo XIII terminándose en el siglo XIV. Tenía un torreón defensivo donde se abrió una puerta que más tarde se convertiría en la fachada de la iglesia. En 1793 se construyó una nueva fachada que se mantuvo hasta 1901 año en que se derribó y se construyó la actual.

Fotos del Palacio del Condestable y del Palacio Redín-Cruzat (1977): José Luis Zuñiga. Foto del final de la calle Mayor (años 70): Baltasar Soteras 

jueves, 6 de junio de 2013

Los Sanfermines del viejo Pamplona: gigantes, música, fuegos y otros actos (1965-1985)


Otra de las imagenes que con más fuerza asocio a las fiestas desde la niñez o especialmente en la niñez eran los gigantes y cabezudos, aquellos gigantes tan altos, tan señoriales, algunos tan pintorescos como los reyes asiáticos o africanos y como no acordarme de los cabezudos, o más apropiadamente de los llamdos kilikis tan rematadamente feos algunos como Caravinagre o Verrugón, dando vergazos a diestro y siniestro tanto a niños como no tan chicos. ¡Qué miedo nos daban en aquellos tempranos años infantiles, sin embargo eran una parte esencial de la fiesta. Recuerdo el baile de los gigantes al son del tambor y de la gaita y con que gracia y armonía los bailaban en aquellas azules y calurosas mañanas de julio por Mercaderes, Mayor o la Plaza Consistorial. Y cuando recuerdo, en estos momentos, a los gigantes y cabezudos no puedo, por menos, que acordarme también de aquella celebre poesía de Fiacro Iraizoz que escuché recitar a Don Goyo hace un montón de años en los micrófonos de Radio Requeté de Pamplona y que tenía por título "Los gigantes de Pamplona". Iraizoz nació en marzo de 1860 en Pamplona, si bien solo vivió en nuestra ciudad los primeros años de su vida, trasladándose pronto a Madrid donde destacó como autor teatral. La poesía que no estaba exenta de cierta crítica política y social, bastante llamativa para la época, comenzaba así: ¿Oyes las notas vibrantes de esa gaita tan chillona?. Pues espera unos instantes, que vas a ver los gigantes..., los gigantes de Pamplona. Y hablaba de reyes y de vanas apariencias humanas, entre otras cosas. Parecer ser que en 1962 los Gigantes de Pamplona atravesaron "el charco" y desfilaron por la Quinta Avenida de Nueva York en un desfile de la Hispanidad.


Otro de los momentos que recuerdo, grato recuerdo, este en diferentes etapas de mi vida,  tanto de niño como de joven era el de la salida de las peñas. De muy chico con los padres, bailando detrás de las pancartas y la música, por diferentes calles de la ciudad y a medida que nos hicimos mayores solos, con los amigos,   yendo ya a su encuentro a la salida de la plaza de Toros. ¡Qué bonitos recuerdos, aquellas salidas de las Peñas, comienzo de tardes anochecidas y de noches sin fin!. Quisiera el destino que una discusión en la cuadrilla que formábamos en aquel tiempo, cuando tenía 14 años, nos librase de llegar a tiempo a la salida de las peñas y de entrar por el callejón de la plaza de toros con los txikis, como hacíamos todos los días, aquel día 8 de julio de 1978, fecha de infausta memoria para todos los pamploneses.

Los fuegos artificiales, uno de los últimos espectáculos festivos que veíamos de niños antes de bajar a casa, no se siempre se dispararon en Sanfermines desde la Ciudadela. Hasta el año 1967 y desde tiempos inmemoriales  se disparaban desde la plaza del Castillo. Se celebraban a las diez y media de la noche en vez de a las once. Ese año, 1967, también se lanzaron fuegos desde el Fortín de San Bartolome en la Media Luna, en el baluarte de Labrit y en el revellín de san Roque en la Taconera. El día 14, teóricamente el último día de las fiestas, teóricamente, porque ese año hubo 2 días más de fiesta, se lanzaron simultaneamente cohetes desde el baluarte del Labrit y el baluarte de San Bartolome. En el año 1970, al menos durante algún día de las fiestas los cohetes se lanzaron desde el barrio de San Juan y desde 1973 y hasta el día de hoy se lanzan desde el baluarte de Santa María en la Ciudadela, solo que ahora orientados hacia Yanguas y Miranda. Junto a los cohetes, había otros espectáculos pirotécnicos en los sanfermines como los toros de fuego, los recuerdo siempre en la calle Mercaderes, enfilando hacia la Estafeta, la traca de cohetes del Pobre de mi, desde la plaza de los Burgos, y como no el chupinazo que abría las fiestas aunque este lógicamente lo empezamos a vivir en vivo y en directo cuando ya eramos más mayores.

Y es que hasta los 14 o 15 años no vivímos a tope los sanfermines desde el primer día,  desde el momento del Chupinazo. Como mucho ibamos a las barracas por la tarde, bajábamos a cenar a casa y a eso de las 10, subíamos a la verbena de la plaza del Castillo donde nos quedábamos hasta las 3 de la madrugada y poco más. Probablemente fueron los del año 78 los primeros sanfermines en que vivímos, desde dentro, el Chupinazo. Recuerdo que fue en 1979 cuando se comenzó a utilizar por primera vez el euskera en el viva que da comienzo a las fiestas. Algunos piensan que todos los actos de los sanfermines son tradicionales cuando en la mayoría de los casos la tradición no tiene más de unas pocas décadas. Cantar al santo antes de la carrera del encierro que parecería un gesto atávico se remonta nada menos que al año 1962. El mismo acto del chupinazo como acto institucionalizado data tan solo del año 1941. De los chupinazos de aquellos años recuerdo especialmente el de 1982. En aquel año hacía tanto calor que se derretía hasta el asfalto. Creo que llegamos a los 41 o 42 grados de calor. Entonces en el chupinazo se echaba bastante agua desde los balcones, y entre la mocina como mucho vino o cava barato a las chicas pero estábamos muy lejos del desparrame de huevos, harina y colacao en el que degeneraría este acto algunos años después. No hizo falto echar agua en el chupinazo del 76, pues según me cuenta mi hermano ese año llovió bastante durante este concurrido acto. En aquellos años no existía la tradición de ir al chupinazo sin el pañuelo para anudarselo después del cohete. Esta tradición es relativamente reciente, probablemente sea a finales de los años 80 cuando se empieza a popularizar esa costumbre de agitar los pañuelos al cielo y ponerselo después del chupinazo. Algunas costumbres de dudoso gusto como el tirarse desde la fuente de Navarrería son también bastante recientes, data igualmente de mediados de los 80, al igual que el llamado encierro de la villavesa.


Del Pobre de mí curiosamente tengo más recuerdos de niño que de mayor ya que a ciertas edades y después de tantas jornadas de despendole, pocas reservas quedaban para ese triste día. Tengo un vago recuerdo  de encontrarme entre la zona de Mercaderes y plaza Consistorial y desde allí sentía como se mezclaban la cantinela de la canción con el olor de las velas quemándose y la  oscuridad que oscilaba al vaivén de las velas, para terminar sintiendo el olor de la traca de cohetes que se quemaba en la cercana plaza de los burgos para acabar el acto y todo ello bañado en una tristeza nostálgica porque todo había llegado  a su fin. Entre 1968 y 1974 el Pobre de Mí se celebraba a las 9 de la noche. Entre 1975 y 1979, a las 10 y solo desde 1980 se celebra a las 12 de la noche. Antes de 1980 incluso acudían las Peñas con pancartas y charangas. En aquellos años, la fiesta seguía incluso después del Pobre de mí con las verbenas de plaza del Castillo y Antoniutti. Luego el Pobre de mí se convertiría en el último acto festivo y a mediados o finales de los 80 nacería la tradición de quitarse el pañuelo y dejarlo colgado junto a la iglesia de San Lorenzo. Otro acto de gran importancia, desgraciadamente desaparecido, y que cumpliría el año que viene su siglo de existencia era el del Riau-Riau en el que apenas pude participar media docena de veces. Tenía su encanto y su razón de ser: hacer la puñeta por un día a la la corporación alargando todo lo posible su llegada a la Misa de Vísperas. Desgraciadamente y a pesar de vanos intentos y algunos sucedáneos no ha podido continuar.   

De las verbenas que empezamos a frecuentar en nuestra adolescencia y juventud recuerdo con especial cariño la tradicional de la plaza del Castillo, que solía acabar a las 3 de la madrugada y luego la de Antoniutti con sus dos escenarios que finalizaba en torno a las 5, cercana la hora de la amanecida. No estaban urbanizados, como jardines o parque  todavía en aquellos primeros 80 ni la Vuelta del Castillo ni otros parajes próximos situados a ambos lados de Antoniutti. Otros ambientes nocturnos que frecuentábamos en los finales de los años 70 y primeros 80 eran los de las barracas políticas (comenzaron en 1979)  pues tenían precios de bocatas y bebidas muy populares. Estas barracas conocieron diferentes emplazamientos (Taconera, en las inmediaciones de Antoniutti, etc). También y en aquellos años recorrimos las diferentes zonas festivas del Casco, cada una con su particular ambiente  como las sedes de las peñas en la calle Jarauta, la zona de la Navarrería o los bares de San Gregorio y San Nicolás, la noche del Estruendo (nació en los sanfermines de 1961, de manera informal por parte de un grupo de amigos entre los que estaba Javier Echarte), los conciertos en la plaza de los fueros, etc. Y es que en aquel entonces, cada edad y cada sanfermín  se vivía de una manera diferente en función de las circunstancias personales que vivías en  cada momento. 

miércoles, 5 de junio de 2013

Los Sanfermines del viejo Pamplona: el encierro (1965-1985)

La llegada de los sanfermines era en nuestra infancia todo un gran acontecimiento. Algo especial sucedía o estaba a punto de suceder. Como un rito que inevitablemente se repitiera, unas semanas antes de las fiestas , se colocaba el vallado del encierro en el Recorrido y la tómbola de Caritas en el Paseo de Sarasate. La calle olía y se veía diferente. La gente inquieta llenaba las calles de lo viejo comprando para las fiestas, ya fuese indumentaria para las fiestas o comida para esos días tan especiales. El cielo parecía más azul que de costumbre y el calor apretaba en esos primeros días de julio. La ciudad se preparaba  para las fiestas. Subíamos por la cuesta de Santo Domingo, sobre la que hollarían las pezuñas de los toros  días más tarde en el silencioso y nocturno encierrillo desde los Corrales del Gas, hasta los corralillos de Santo Domingo. Allí comenzaba cada mañana, a las 7 de la mañana (hasta 1974), el Encierro, el acto más importante de las fiestas. Hasta 1924 el encierro empezaba a las 6 (acuerdense de aquel canto que decia: "levantate pamplonica, levantate y da un brinco, levanta que son las 5 y el encierro es  a las 6"), luego empezó a las 7 y desde 1974 a las 8. Por cierto el vestido de pamplonica (camisa y pantalón blanco con faja y pañuelo rojo) fue popularizada por la peña La Veleta en el año 1931, y su uso se generalizó entre la población en la década de los 60.

Si había un acto especial, diferente, numinoso, mágico, iniciatico en las fiestas ese algo era el encierro. No tengo un recuerdo temprano de este evento sanferminero. Se que mis padres solían levantarse temprano para ver la llegada del encierro a la plaza pero el primer recuerdo que tengo es de una fecha tan tardia como julio de 1975. Aun estaban muy lejos las retransmisiones televisivas que empezarían, creo en 1981 u 82. Solíamos levantarnos muy temprano, a eso de las 5 y aun era de noche cuando subíamos con una vecina y sus hijos de nuestra misma edad desde nuestra casa en la Rochapea hasta la plaza de Toros. Recuerdo que llegabamos temprano para coger un buen sitio y aun soñolientos escuchabamos al Maestro Bravo animarnos, ¡Venga que estáis dormidos!. Su banda  amenizó durante muchos años, por lo menos hasta 1981, aquellos amaneceres sanfermineros de la plaza de toros.  

El 9 de julio de 1975 yo estaba allí, en la parte derecha de los tendidos, entrando por el callejón. Fue un día trágico. Aquel día se formó un terrible montón, como consecuencia del cual hubo un muerto, Gregorio Gorriz y decenas de heridos (casi 100), un buen número de ellos por asta de toro. Pero no habían pasado ni dos años cuando fui testigo y esta vez mucho más cerca, pues estaba justo al lado del callejón, de otro trágico montón que provocaría igualmente un muerto por aplastamiento y decenas de heridos. La visión tan cercana de aquellos dos trágicos encierros me dejaron una profunda huella. Tras el montón de 1975  se construyeron en el callejón las famosas gateras que salvarían en años posteriores la vida de más de un corredor. Aquellos años fueron años de muchos fallecidos en el encierro y de records: a los muertos de 1975 y 1977 habría que añadir otro en 1974 y 2 más en 1980, en un sólo encierro, el del 13 de julio. En cuanto a  records, el más corto, de apenas un minuto y cincuenta segundos, el 7 de julio de 1975, el más largo, de 16 minutos, el 12 de julio de 1976.  La plaza de toros se había ampliado algunos años atrás, en  1967, pasando de tener un aforo de 12.500 localidades a uno de 19.500. En 1979 se iniciaría un acto de corta existencia, la de los encierros txikis ya que desaparecerían de las fiestas en el año 1988. Se corría despues del encierro grande desde el final de la bajada de Javier hasta la plaza de toros.